INSTITUTO CULTURAL DE LEÓN
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Cristina Rivera Garza: en constante diálogo con la tradición

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Texto de Margarita Vázquez


Este año, en la edición 31 de la Fenal, el Reconocimiento Compromiso con las Letras será otorgado a Cristina Rivera Garza, narradora, cuentista, poeta, crítica, ensayista y académica que coordina el primer doctorado en Escritura Creativa en español en Estados Unidos, en la Universidad de California; además es una de las voces más relevantes en la literatura mexicana contemporánea. 


Cristina Rivera Garza nació en 1964 en Matamoros, Tamaulipas. Toda su vida ha sido un ir y venir entre las fronteras geográficas y de géneros literarios. En 1984, a los veinte años y mientras estudiaba sociología en la UNAM, ganó el primer lugar en el concurso Punto de Partida, en la categoría de poesía. Este sería el primer antecedente formal en su fructífera y variada carrera como escritora. 


Posteriormente, fue acreedora al Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí en 1987, el Premio Nacional de Novela José Rubén Romero en 1997, el Premio Nacional Juan Vicente Melo en 2001,  el Premio Anna Seghers en 2005, el Premio Excelencia en Las Letras José Emilio Pacheco en 2017 y ha sido en la única escritora en ganar el Premio Sor Juana Inés de la Cruz en dos ocasiones, en 1997 y en 2009.


En el formalismo ruso el "extrañamiento" es la presentación de objetos cotidianos en versiones inesperadas que sacuden la comodidad del lector. Este "extrañamiento" se puede ver en la obra de Cristina rivera Garza, así como la sutilidad con la que aborda la historia, teoría, estética y un quehacer literario propio, como en las novelas Nadie me verá llorar (1999), donde combina una investigación histórica con su trabajo literario; La cresta del Ilión (2002), con el abordamiento de la memoria poética de Amparo Dávila; La muerte me da (2007) con la novela negra y la figura de Alejandra Pizarnuk, y en El mal de la taiga (2012), a través de la densidad de os afectos.

 

En una de sus novelas más conocidas, Había mucha neblina o humo o no sé qué (2016), dialoga con Juan Rulfo buscando más allá de la figura mítica del autor y en su más reciente libro Autobiografía del algodón (2020), “retoma el paso del entonces joven escritor José Revueltas en el noreste de México y su labor como organizador de huelgas de trabajadores agrícolas en la década de 1930”. En estos dos libros, se puede ver otra de las características de su obra: un diálogo constante con la tradición y con sus propias genealogías lectoras. Así mismo, una (re) escritura de la Historia a través de la historia con hache minúscula.


El Reconocimiento Compromiso con las Letras es el máximo galardón entregado por la Fenal. En años anteriores este premio ha sido otorgado a Élmer Mendoza, Antonio Malpica, Amparo Dávila, Eugenio Aguirre, Margo Glantz y Juan Villoro; autoras y autores con una trayectoria y una obra de primera. 


Sin duda, Cristina Rivera Garza, tiene más que merecido este reconocimiento por ser una de las escritoras más originales de la literatura mexicana y con un corpus que podría definirse como: una (re) construcción de la memoria que cruza límites y en la que vale la pena sumergirse.

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Experiencias plasmadas en papel

En la categoría de cuento corto de los Premios de Literatura, Iván Medina fue reconocido con mención honorífica. “… Lo único que puede parar a la escritura sería la muerte, de lo contrario, puedes seguir imaginando y creando”. Te presentamos a Iván Medina, mención honorífica en la categoría de cuento corto de los Premios de Literatura León 2022 y autor de los libros: En cualquier lugar fuera de este mundo (CONACULTA 2012), Más frío que la muerte (UAM 2017) y Lugares Ajenos (BUAP 2020), además es autor de varios textos y colaboraciones en revistas como Granuja y la revista de la Universidad Autónoma de México. Iván es un artista multifacético que goza de la recopilación de conocimiento e información de su entorno. RCA: Iván, ¿Qué te motiva a escribir actualmente? Es diverso, no hay una sola respuesta, me motiva el expresar mi descontento, experiencias, enojos, satisfacciones y alegrías. No hay algo en particular (…) Escribo de acuerdo con lo que siento y lo que me llegue en ese momento de sentarme a escribir. RCA: ¿Cómo fueron tus inicios como autor ? Nació como algo fortuito. Me gusta mucho la música y por años me he dedicado a ella. Cuando estaba estudiando la carrera en Ejecución de Guitarra, para los sones escribía la décima espinela (una composición poética española muy arcaica), ahí fue donde comencé a escribir pero con la intención de recitar al momento de hacer fandangos. (También) Mientras estudiaba otra carrera se abre una convocatoria intercampus de literatura, ya tenía reparadas algunas décimas y las mandé, para mi sorpresa gané el primer lugar en poesía. Posteriormente, me entero de una convocatoria de la Revista Opción, mando una pequeña crónica y me lo publican, entonces me di cuenta que tenía algo que decir. RCA:¿Qué es lo que te llevó a ser artista? Decir artista es un concepto muy amplio. Yo ya componía, tocaba música y había participado en eventos musicales. En el ramo de la fotografía había obtenido algunos premios. Ahora que me estás preguntando, podría decir que era un artista por mi participación en la música y la fotografía, pero llegó con mayor fuerza la literatura para poder consolidarme como uno. RCA: ¿Te ha costado trabajo consolidarte?, ¿a qué retos te has enfrentado? Es un problema el darte a conocer y vivir de eso. Me acaba de llegar un correo de una revista de Ciudad Juárez, me habían elegido un cuento y me acaban de decir que ya no me van a publicar porque ya está publicado en otro lugar. En los concursos es diferente, porque ahí sí estoy de acuerdo que las obras sean inéditas (aunque) también es importante mencionar que necesitas de las revistas para darte a conocer. Otro problema ha sido llegar a las editoriales, generalmente no te publican porque buscan autores de peso. RCA: ¿Qué temas y autores te han inspirado? La lectura es muy importante, sin embargo, estoy más con la idea de Vygotsky y de Bajtín, que hablan más de la cuestión de la experiencia. La experiencia sobre la lectura. En cuanto a las temáticas que trabajo, son diversas. Estudié Relaciones Internacionales, hay un sinfín de asuntos con tintes políticos y sociales que afectan a la comunidad y de los que me inspiro. También la música tiene mucho que ver, yo creo que eso me ayudó a escribir de una manera diferente a una formación literaria. RCA:¿Cuál fue tu sentir al saberte parte de los Premios de Literatura León 2022 ? Fue de alegría, sorpresa y satisfacción, de sentirme reconocido ante mi labor literaria. RCA: ¿De qué va tu obra y qué necesidad satisface para ti como artista? Almendra surge de la intención de querer honrar la existencia de uno de los lugares míticos de la Ciudad de México, el Salón México. Construir una nostalgia de ese momento pasado que está ligado con la música y sobre todo con las intertextualidades, con el danzón y la obra de José Revueltas. Yo quería honrar tanto la música del danzón como al Salón México. Y así surgió, de repente reunes las ideas, lo cocinas en tu mente hasta que algo detona. RCA: ¿Qué representa para ti presentar tu pieza en Fenal 33? Es una satisfacción muy grata. Me siento honrado que reconozcan mi labor literaria. Además, siendo un estudiante del Doctorado en Literatura de la Universidad de Guanajuato, me siento con doble orgullo y me da los incentivos para seguir escribiendo y conocer a los nuevos escritores. RCA: Una pregunta extra para terminar ¿En qué estás trabajando actualmente? Estoy en espera de algunos dictámenes, tengo material de dos libros, espero sea positivo cualquiera de los dos son dos obras diferentes. Tengo algunas ideas que se están cocinando, pero insisto, este reconocimiento me da nuevos bríos para seguir creando y seguir. Yo creo que esto lo único que lo puede parar sería la muerte, de lo contrario, puedes seguir imaginando y creando todo con base a la imaginación y tus propios límites. Schack (Fragmento) El ajedrez no es como la vida… Es la vida. Justo como el teatro. Fernando Arrabal A Robert Fischer Seguido me veía ante mi contrincante observando el tablero. Yo jugaba con las piezas negras, aunque siempre opté por las blancas. Sus movimientos daban prueba de un arte tan exacto igual al del músico o el del pintor, donde todo cambia, los colores, las densidades, hasta el ritmo del aliento, y donde nos encontramos con la muerte o lo divino. Cuando a punto estuve de acometer el ansiado jaque mate, escuché a alguien llamarme con insistencia. En momentos cuando mis alucinaciones me perdían, era la voz de Inger quien con su ternura me rescataba de… entre las penumbras; aquel extraviado lugar, llamado caos. Arribé a Passau para participar en el campeonato del mundo de ajedrez, el “match del siglo”, y de inmediato sentí mi renacer. La ciudad de los tres ríos me acogió en su cauce. Mis sueños deshilachados junto a lo que había creído merecer fluían en esas aguas. Me maravillé, su belleza dependía tan poco de los recuerdos, ya fueran míos o históricos; la ciudad parecía renacer cada mañana. Todavía, cuando nostálgicamente vuelvo el rostro, puedo observar algunas de las viejas tabernas a donde concurrí en mi adolescencia en estado de embriaguez, y me atrajeron con su lindura desposeída los vicios carnales. Esta vez me instalé en casa de Emanuek Lasker, iniciado como yo en el ajedrez, aunque él instruido por su padre quien lo fogueó al llevarlo a los cafés donde ganaba dinero apostando en sus partidas. El estilo Lasker es enojosamente seco, aun así, vale la pena verlo y dejar sentado en los hechos sus grandiosos gambitos. Entre sus movimientos se olfatea la hilera de tardes donde atado de la cintura por el lazo ceñido por su progenitor, el padre se bebía en cerveza de trigo, las monedas ganadas mientras el hijo con furia mordía hasta al más audaz contrincante. Sentado ante el tablero, en una exhibición en un club de ajedrecistas, me han tocado las piezas negras, recurrentes en mis pesadillas. A lo lejos veo a un grupo de estudiantes y pienso en el camino recorrido por la intimidad de otras épocas. De repente, siento unos dedos descansar en mi hombro, me extienden la portada de un libro de ajedrez, Juicio y planteamiento de Max Euwe, y me piden un autógrafo. La mujer es hermosa, aunque aún adolescente. No sé si sea prudente invitarla a coger. Firmo el libro y se retira. Mi contrincante, Gari Kasparov, se impacienta. Percibo en esos sus ojos capaces de divisar el fondo del alma, la urgencia por expresarse en el juego. Bruscamente él se halló en medio de un inmenso campo de batalla, donde había que hacer frente en todas direcciones. Gano la partida con el desarrollo de la defensa holandesa, eminentemente agresiva. No soporto el engreimiento de los grandes maestros rusos como al bebedor de Sibirskaya, Alexander Alékhine. Ligero me retiro de allí, la mujer del autógrafo me guiña el ojo. Él seguía sentado, alta la cabeza, girándole los ojos similares a constelaciones desorbitadas en el universo del tablero.

Historias de valor para la infancia

Texto Edgar A. Aguirre VegaDiversa es una de las tantas palabras con las que hoy en día podríamos definir a la literatura. ¡Maravillosa diversidad! Y así como en lo es en general, también en lo particular; pues cada uno de los géneros aborda y emplea numerosas formas y formatos para presentar sus variados contenidos. La literatura infantil, por ejemplo, ha evolucionado, ha dejado de ser un género pequeño y de simple ocio para entrar a las grandes ligas, se ha vuelto un abanico de enormes posibilidades, una industria que ya no da marcha atrás.Podemos acercarnos a valorar los libros infantiles y juveniles desde diferentes parámetros, como el histórico, el literario o el ideológico, pues las funciones de la Literatura Infantil y Juvenil (LIJ) pueden resumirse en tres: iniciar el acceso a la representación de la realidad compartida por una sociedad, desarrollar el aprendizaje de las formas narrativas y servir como vehículo comunicativo y socializador de las nuevas generaciones.1 Aunque no siempre fue así; en América Latina, en la época precolombina, la oralidad fue la principal herramienta para que niñas y niños conocieran las historias que rodeaban a sus pueblos, mitos y leyendas eran compartidas pero sin ser realmente un producto para las infancias. Lo mismo sucedió en la Colonia, pues el sincretismo cultural únicamente propició el surgimiento de relatos como las fábulas moralizantes y sus objetivos puramente adoctrinantes. Durante la época de la colonia se trajeron libros infantiles impresos en España con un carácter pedagógico con el fin de educar a la infancia. Eran libros que presentaban valores patrióticos, morales y religiosos con niñas y niños modelos, obedientes y estereotipados. Solo a finales del siglo XIX encontramos a los verdaderos precursores de una literatura infantil auténtica que van a cambiar la sensibilidad y el modo de escribir. Van a aparecer ahora unos libros de carácter estético cuyos autores consideran al niño como receptor de estas lecturas. Estos nuevos escritores van a impulsar una literatura más libre protagonizada por niños reales que viven situaciones comunes a la realidad de Latinoamérica.2 La conciencia y plena visibilidad de la infancia y de lo que ésta representa permitió también la aparición de grandes figuras como el cubano José Martí, considerado el creador de una literatura infantil con rostro propio, escribiendo directamente a niñas y niños a través de La Edad de Oro, revista mensual que estaba «dedicada a los niños de toda América para que sepan cómo se vivía antes y se vive hoy en América y en las demás tierras». Los cuentos y poemas de José Martí constituyen un hito en la literatura infantil latinoamericana porque consideró al niño como receptor de lecturas. «Los niños saben más de lo que parece» escribe Martí estableciendo el perfil del niño al que se dirige: curioso, activo y con una capacidad receptiva superior a la que por entonces el sistema escolar tenía en cuenta.3 Así, en una larga lista y una extensa historia, se suman destacados precursores de esta literatura infantil latinoamericana: Rafael Pombo (Colombia), Monteiro Lobato (Brasil), Marcela Paz (Chile), Nicolás Guillén (Cuba), Carmen Lyra (Costa Rica), Joaquín Gutierrez (Costa Rica), Gabriela Mistral (Chile), Rubén Darío (Nicaragua), Francisco Gabilondo Soler, Cri Cri (México), Rafael Rivero Oramas (Venezuela), Pascuala Corona (México), Horacio Quiroga (Uruguay), Constancio C. Vigil (Argentina), José Sebastián Tallon (Argentina), Aquiles Nazoa (Venezuela), Óscar Alfaro (Bolivia) y Juana de Ibarbourou (Uruguay). Es tal la relevancia y el valor que este tipo de literatura ha logrado a través del tiempo, que desde 1967 —cada 2 de abril y coincidiendo con el nacimiento de Hans Christian Andersen— se celebra el Día Internacional del Libro Infantil, fecha instaurada por IBBY (Organización Internacional para el Libro Juvenil), colectivo internacional que busca un mejor entendimiento entre los pueblos a través de la literatura infantil, así como garantizar el acercamiento de la infancia a los libros. Anualmente, IBBY México publica una guía de libros infantiles y juveniles, una herramienta útil para quien desee identificar lecturas para el hogar, el aula o la promoción de la lectura. La lista se realiza a través de leer, evaluar y seleccionar novedades enviadas por las editoriales a un Comité Lector, y es clasificada por etapas: pequeños lectores, los que empiezan a leer, los que leen bien y grandes lectores. Además de la ficha bibliográfica, se integran la sinopsis, comentarios, temáticas, premios o reconocimientos, y un distintivo a aquellos catalogados como favoritos del comité. En 2023, por ejemplo, la guía —en su edición 35— destaca el trabajo de escritoras y escritores como Abigail Rodríguez Contreras (México) con Arrullo de luciérnagas. Nanas en lenguas originarias de Puebla, ilustrado por Amanda Mijangos y Armando Fonseca; María Baranda (México) con Buscando a Sapo, ilustrado por Mariana Roldán; Micaela Chirif (Perú) y El mar, con ilustraciones de Armando Fonseca, Amanda Mijangos y Juan Palomino; Alexandra Castellanos Solís (México) con Gigante; José Ignacio Valenzuela (Chile) con ¿De qué color es tu sombra?, ilustrado por Pamela Medina; Verónica Prieto (Chile) con En la verde colina, e ilustraciones de Scarlet Narciso; Clementina Equihua (México) y ¿Cómo se protegen?, ilustrado por Amanda Mijangos; Roger Ycaza (Ecuador) con Clic; Cecilia Pisos (Argentina) con Coplitas con Preguntón, ilustrado por Eleonora Arroyo; Gabriela Olmos (México) con El sueño de los dioses y otros cuentos huicholes, ilustrado por José Benítez Sánchez; John Fitzgerald Torres (Colombia) y la ilustradora Paula Ortiz con La luna es un renacuajo; Verónica Murguía (México) y Mi monstruo Mandarino, con ilustración de Dani Scharf; Eduardo Otálora Marulanda (Colombia) y Mi primer Quijote, ilustrado por Paola Acevedo; Monique Zepeda (México) con Nicolás dos veces, ilustrado por Cecilia Rébora. El camino ganado no es cosa fácil, mucho menos con la brutal competencia que existe hoy en día en prácticamente todos los ámbitos. El papel de las editoriales es fundamental y notorio, la calidad de contenidos, formatos y, por supuesto, escritores e ilustradores es vital. A lo largo de Latinoamérica, existen casas editoriales y sellos que accionan y abonan al desarrollo de la literatura infantil, de entre ellas, los siguientes ejemplos: En México, Ediciones El Naranjo, Petra Ediciones, Ediciones Tecolote, Alboroto Ediciones y el Fondo de Cultura Económica con su colección A la orilla del viento; en Argentina, Pequeño editor, Limonero Ediciones, Editorial Ojoreja, Ediciones Iamiqué y Ediciones Urano; en Venezuela, Ediciones Ekaré y Playco Editores; en Colombia, Babel Libros, Editorial Tragaluz, Editorial Rey Naranjo, LuaBooks, Grupo Educar, Editorial Monigote y Cataplum Libros; en Brasil, Pallas Editora; en Chile, Editorial Amanuta y Editorial Forja, y en Perú, Editorial Crecer. Mientras que SM, Planeta, Penguin Random House, Libro del Zorro Rojo y Norma Editorial son algunas que no pertenecen al continente, pero sí mantienen una fuerte labor editorial dentro del territorio. Hoy, sin duda, una de las más sanas y robustas comunidades es la de la edición infantil, amplia, heterogénea y muy creativa, porque en ella se desarrollan muy diversos perfiles editoriales y porque el libro como objeto se interviene, a diferencia de otros sectores, de manera que pueda reunir distintos lenguajes para encantar y deleitar al lector. No solo el texto ocupa un lugar preponderante, sino que las ilustraciones, el diseño y el soporte mismo hacen parte de la mirada del editor. Por eso, cuando hablamos del tradicional oficio de editar, en el caso de los libros para niños, nos estamos refiriendo a una tarea más poliédrica y compleja.4 El valor de la literatura infantil es innegable, aunque también lo es la delgada línea de lo que se puede y no considerar como tal; las estructuras, temáticas, formatos y necesidades hacen que exista una enorme, muy enorme —y quizás hasta peligrosa— diversidad de productos, muchos de los cuales no ofrecen ni contribuyen a objetivos como la formación de lectores o el acercamiento a una literatura de calidad, sino que buscan fines meramente comerciales. …¿Y qué cosa es una literatura de calidad? Yo creo que es la que enseña a confiar a los niños en la palabra y que los adentra en el mundo del lenguaje, en la construcción del sentido a través de la palabra. Por eso es importante no caer en la idea de que porque los niños lean vayan a ser mejores personas o por alguna aproximación al libro va a haber un efecto mágico que nos convierta en algo mejor de lo que somos. Los libros no nos eximen del trabajo sobre nosotros mismos y de la responsabilidad que tenemos hacia los niños. Parte de esa responsabilidad es producir, escribir e ilustrar libros de calidad: que fomenten el espíritu crítico, que permitan un ejercicio de la libertad creativo, que convoquen a los lectores a forman parte, sin caer en lo panfletario o en lo didactista5, menciona la escritora peruana Micaela Chirif. Los retos siguen siendo muchos, pero la distancia recorrida y los avances son abismales en comparación con algunas décadas atrás. Los pabellones y programaciones infantiles en las ferias de libros son fundamentales y necesarios; la Feria Nacional del Libro de León, Fenal, es un claro ejemplo de ello —basta recordar que inició como Feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil en 1990—, donde edición con edición se busca abordar y atender a la niñez con perspectivas que permitan la reflexión, el análisis y el entretenimiento a partir de las letras. El panorama de la literatura infantil en Latinoamérica se ha consolidado y ahora es protagonista en infinidad de espacios; acerquémonos. Referencias 1La literatura infantil y juvenil en las bibliotecas: fomentando el cuidado de la infancia | Extensión Universitaria en Sevilla | UNED. (s. f.). https://extension.uned.es/actividad/idactividad/32257 2Al. (2013, 30 julio). Informe LIJ. Precursores de la Literatura Infantil y Juvenil en América Latina. OBJETO:LIBRO. https://objetolibro.wordpress.com/2013/07/27/informe-lij-precursores-de-la-literatura-infantil-y-juvenil-en-america-latina/ 3Ibid. 4Team, L. (2023, 21 mayo). Edición de libros para niños, un contexto particular - Latin American Literature Today. https://latinamericanliteraturetoday.org/es/2023/03/edicion-de-libros-para-ninos-un-contexto-particular-2/ 5Sáliche, L. (2019, 15 noviembre). La literatura infantil y juvenil en América Latina, en la mirada de tres autores. Infobae. https://www.infobae.com/america/cultura-america/2019/11/15/que-momento-atraviesa-la-literatura-infantil-y-juvenil-en-america-latina/ -Editor Anonimo. (2023, 30 marzo). Las mejores editoriales infantiles de Latinoamérica - Editoriales Infantiles2022. Editoriales Infantiles. https://www.editoriales-infantiles.com/mejores-editoriales-infantiles-de-latinoamerica/ -Literatura infantil latinoamericana, Fanuel Hanán Díaz. (s. f.). https://www.dondevivenloslibros.com/2011/08/literatura-infantil-latinoamericana.html -Guía de libros infantiles y juveniles IBBY México 2023, https://www.ibbymexico.org.mx/wp-content/uploads/2023/03/Guia_IBBY-Libros_2023.pdf

La mujer habitada

Texto de Silvia Palacios Al amanecer emergí… Extraño es todo lo que ha acontecido desde la última vez que vi a Yarice, aquel día en el agua. Así renace Itzá, quien murió en la batalla contra los conquistadores españoles y quien reencarna en el naranjo que se encuentra en el hogar de Lavinia, una chica independiente que va contra los estatutos de su época (la década de los setenta). Con un trabajo como arquitecta en un despacho, casa propia y nulas habilidades para cocinar; parecería la vida de toda profesionista de nuestra vida diaria, pero no así durante aquellos años y menos en un país bajo una dictadura, como lo es Faguas.La historia narra desde aquel primer día de trabajo de Lavinia en que conoce a Felipe, con quien tiempo después inicia una relación que, sin esperarlo, la llevará a enfrascarse en la guerra de liberación de su país.La mujer habitada entrelaza la vida de estas dos mujeres guerreras inconformes con lo que se vive en su época y fieles a sus convicciones y principios; dos mujeres enamoradas de sus guerreros. Lavinia, una chica de estatus no adinerado pero no pobre, con una infancia apegada a su tía y su abuelo debido a unos padres ausentes; e Itzá, una mujer aguerrida y curiosa que no teme envolverse en una batalla.Desde la página uno, la escritora nicaragüense Gioconda Belli atrapa al lector con una narrativa descriptiva que hace imposible no imaginar cada parte de la casa, de la personalidad de Lavinia y de Felipe, de aquel lugar donde se conocen, del lugar donde se reconocen y más.Es una obra fluida y contada de una forma tan poética que bien merece la pena ser leída, porque cada una de sus páginas es una pizca de sal que condimenta y da sazón al gran platillo que es este libro. Itzá es sin duda uno de los alicientes más grandes para seguir leyendo el texto, porque es fácil imaginarla como aquella mujer reencarnada en árbol que pierde un fruto y termina en el cuerpo del otro ser que consumió el néctar, porque es ese testigo silencioso que va presenciando la evolución de la protagonista y, porque a la vez, es un personaje con su propia historia. Atravesé rosada membranas. Entré como una cascada ámbar en el cuerpo de Lavinia. Vi pasar sobre mí la campanita del paladar antes de descender por un oscuro y estrecho túnel a la fragua del estómago.Ahora nado en su sangre. Recorro este ancho espacio corpóreo. Se escucha el corazón como eco en una cueva subterránea. Todo aquí se mueve rítmicamente. Expiraciones y aspiraciones. Si aún no tienes un libro para leer en esta cuarentena, La mujer habitada es una gran opción que te mantendrá en vilo a lo largo de 400 páginas y te hará indagar más sobre la trayectoria de esta poética y reconocida escritora.Ficha técnicaLa mujer habitadaAutora: Gioconda BelliAño: 1988Editorial: Seix BarralNúmero de páginas: 400Este texto se publicó originalmente en la Revista Cultural Alternativas 120: bit.ly/Alternativas120